
El Banc dels Aliments, agente clave en la gestión de los excedentes en el nuevo marco legal

En Alimentaria 2026 hemos vuelto a constatar que el reto del desperdicio alimentario no se puede abordar de manera aislada. Requiere colaboración, conocimiento compartido y, sobre todo, la implicación activa de todos los agentes de la cadena. En este contexto, desde el Banc dels Aliments hemos tenido una presencia especialmente relevante, tanto en el ámbito institucional y de debate como en el operativo.
Con la entrada en vigor, el próximo 3 de abril, del artículo 6 de la Ley de prevención de las pérdidas y el derroche alimentario, el sector afronta un cambio significativo. Una normativa que introduce nuevas obligaciones para las empresas —como la necesidad de definir planes de prevención, medir los excedentes y priorizar la donación de alimentos aptos para el consumo— y que refuerza la importancia de entidades como la nuestra como eslabón operativo dentro del sistema.
Tal como defendimos en diferentes espacios de la feria, este nuevo marco no solo regula, sino que también acelera un modelo que ya veníamos impulsando: el de la gestión eficiente, segura y con impacto social de los excedentes alimentarios.
Un papel reconocido en el debate sectorial
Una de las participaciones más destacadas fue la de nuestra directora general, Elisabet Viladomiu, a la mesa redonda organizada por AECOC dentro de la sesión dedicada a los desafíos del nuevo entorno legal.
En este espacio, Viladomiu subrayó que la entrada en vigor de la ley “refrenda la función de entidades como el Banc dels Aliments y nos permite acelerar nuestro impacto”, poniendo en valor nuestro papel como agente que conecta empresas, administración y entidades sociales.

También remarcó que este nuevo escenario nos posiciona como “un eslabón necesario para ayudar el resto de agentes de la cadena a gestionar los excedentes de manera eficiente, segura y con impacto social”, destacando la importancia de reforzar circuitos de colaboración estables y muy coordinados.
La sesión, centrada en el debate sobre si el sector está preparado para afrontar los retos de la nueva ley, sirvió para poner sobre la mesa cuestiones clave como la adaptación de procesos, la trazabilidad de los excedentes y la necesidad de alinear criterios entre actores de naturaleza muy diversa.
Diálogo con el sector: normativa, certificación y colaboración
A lo largo de la feria también hemos participado en otros espacios de debate con agentes clave del sector agroalimentario.
En la mesa con FIAB, compartimos reflexiones sobre la nueva ley de prevención de las pérdidas y el desperdicio alimentario y las herramientas que el sector puede utilizar para adaptarse, con especial atención a las guías prácticas presentadas en este marco. Este tipo de espacios son esenciales para traducir el marco normativo en acciones concretas y aplicables.

Con AENOR, abordamos el papel de la certificación como herramienta para avanzar hacia modelos de gestión más responsables, en una conversación centrada en cómo está evolucionando la cultura empresarial hacia objetivos de “derroche cero” y qué palancas pueden acelerar este cambio.
En la sesión organizada por AECOC, volvimos a incidir en los retos que plantea el nuevo entorno legal para empresas y tercer sector, así como en la necesidad de reforzar la coordinación entre actores para garantizar que la donación de alimentos se haga de manera ágil y eficiente.

Finalmente, en nuestra participación con la Cambra de Comerç de Barcelona, pusimos el foco en el papel de las alianzas publicoprivades y de los actores territoriales como elementos clave para hacer realidad estrategias que, como la ley u otros planes nacionales, solo tienen impacto si se traducen en proyectos concretos.
En estos espacios, la idea que defendimos es que la innovación del sistema alimentario pasa por la tecnología y la producción, pero también por la capacidad de conectar mejor los recursos disponibles con las necesidades reales de la sociedad

Capil·laritat, eficiència i impacte social
Uno de los elementos que consideramos fundamentales en este nuevo contexto es la necesidad de reforzar la capilaridad entre los diferentes agentes implicados. Es decir, avanzar hacia modelos más conectados, con circuitos más cortos y eficientes que permitan que los excedentes no se pierdan y lleguen rápidamente a las entidades sociales.
Este enfoque mejora la gestión logística e incrementa el impacto social y ambiental del sistema en su conjunto. Tal como defendemos desde el Banc dels Aliments, la donación no es solo una solución para evitar el desperdicio, sino una herramienta estructural para transformar recursos en oportunidades.
Una acción colectiva sobre el terreno
Más allá de los espacios de reflexión, Alimentaría también nos ha permitido desplegar nuestra actividad sobre el terreno. Un año más, gracias al compromiso de 150 personas voluntarias, hemos podido recuperar más de 18.000 kg. de alimentos aptos para el consumo dados por las empresas expositoras. Estos alimentos se destinarán a entidades sociales y permitirán dar respuesta a situaciones de vulnerabilidad, a la vez que contribuyen a reducir el desperdicio alimentario en origen.
Esta operación es una muestra concreta del que implica trabajar como eslabón entre excedentes y necesidades: coordinación, confianza con el sector y una red de voluntariado imprescindible que hace posible la logística y la distribución.

Un rol que se consolida
Nuestra participación en Alimentaria 2026 confirma una realidad que ya se está consolidando: los bancos de alimentos son hoy un actor imprescindible en la gestión de los excedentes alimentarios dentro del nuevo marco legal. El contexto normativo refuerza una dinámica que ya forma parte de nuestro ADN: trabajar con empresas, instituciones y entidades sociales para reducir el derroche y garantizar que los alimentos llegan a quién les necesita.
En un sistema alimentario cada vez más complejo, el reto no es solo producir y distribuir mejor, sino también aprovechar mejor aquello que ya se ha produit. Y en este objetivo, la colaboración y el trabajo en red son la condición necesaria para que el sistema funcione.




